jueves, 10 de diciembre de 2009

LA MALCASADA



Me dices que Juan Luis no te comprende,
que sólo piensa en sus computadoras
y que no te hace caso por las noches.
Me dices que tus hijos no te sirven,
que sólo dan problemas, que se aburren
de todo y que estás harta de aguantarlos.
Me dices que tus padres están viejos,
que se han vuelto tacaños y egoístas
y ya no eres su reina como antes.
Me dices que has cumplido los cuarenta
y que no es fácil empezar de nuevo,
que los únicos hombres con que tratas
son colegas de Juan en IBM
y no te gustan los ejecutivos.
Y yo, ¿qué pinto en esta historia?
¿Qué quieres que haga ahora? ¿Que mate a alguien?
¿Que dé un estado de golpe libertario?
Te quise como un loco. No lo niego.
Pero eso fué hace mucho, cuando el mundo
era una reluciente madrugada
que no quisiste compartir conmigo.
La nostalgia es un burdo pasatiempo.
Vuelve a ser la que fuiste. Ve a un gimnasio,
píntate más, alisa tus arrugas
y ponte ropa sexy, no seas tonta,
que a lo mejor Juan Luis vuelve a mimarte,
y tus hijos se van a un campamento,
y tus padres se mueren.

Luis Alberto de Cuenca.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Buen recuerdo de Luis Alberto, de cuando La voz y la Palabra lo trajo a Zaragoza, una velada sabia y deliciosa a su lado.
S. Manrique.

Flor Moreno dijo...

Buenos consejos Luis Alberto, pero... ¿cómo se planchan las arrugas? Algunas si se puede, otras no. Gracias por escribir. Un saludo

LUIS ROSER RODRIGUEZ dijo...

La nostalagia es un burdo pasatiempo..... e inutil, a todas luces....

Un saludo

Andrea dijo...

las arrugas no se planchan las arrugas, son los surcos de la vida, son lineas vividasy son bellas, igual que la piel tersa de los 20 años...nuestra cara, nuestro cuerpo se hacen bellas y sabios y solo tenemos que tenerles mucho cariño.. y vernos guapas, porque la belleza está en las arrugas... está en el ser que emanamos... está dentro y fuera, está en nosotras/os mismos, en nuestros ojos, sonrisa, boca, manos, voz, ternura... No plancheis las arrugas, planchemos las bocas sin besos, las manos sin caricias, los brazos sin abrazos...

Os recuerdo... y llevo en mi liso y terso corazón.

Andrea.

ferroviario pinelli dijo...

Ve a un gimnasio,
píntate más, alisa tus arrugas
y ponte ropa sexy.
Juega al fútbol con tu padre,
vete a bailar con tu madre,
practícales un aborto retroactivo a tus hijos,
haz publicidad de apple.

A tu marido,
que no ha sabido envejecer contigo,
que seguro tiene un amante como secretaria,
córtale los huevos por solo haberte querido,
hasta que te quedaste preñada,
le hiciste la comida, le lavabas la ropa
y criaste a sus hijos.

En cuanto a mí ya ves;
como no te deje preñada
no me cocinaste ni lavaste la ropa,
no criaste a mis hijos,
como tienes las tetas caídas
las piernas con varices,
el culo inmenso,
y la espalda desviada,
no me interesas de secretaria.

pepe montero dijo...

No se me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de sorportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,
bajo ningún pretexto, que no sepan volar.


De el gran Oliverio.

Andrea Uña. dijo...

Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando

del gran Oliveiro... gracias Pepe, he vuelto a releerlo.. como siempre un gran placer.
muxutxus.