miércoles, 1 de mayo de 2013

PAJARERÍA



"Pienso que eso, nunca debió de haberme pasado contigo."


Dos loritos, pequeños y verdes se acurrucan uno encima del otro, se miran con amor, se acarician con el pico.

Mientras espero a mi cliente, me quedo absorto mirando la escena en el escaparate de la pajarería.

Hace un día muy frío, apenas unos kilómetros fuera de la ciudad está nevando.
Miro el interior de la tienda, jaulas con pájaros, grandes y pequeños, cotorras, tórtolas, periquitos y jilgueros.

Mi cliente tarda demasiado, por la calle hay un desfile de abogados trajeados y nerviosas procuradoras que hablan con sus móviles. Hablan y gesticulan, nadie mira a nadie.
El juzgado de la ciudad está al final de la calle.


La pareja de loritos no ha dejado de amarse, parece que lo lleven haciendo toda la vida.

Dos jaulas más allá veo que hay otra pareja de loros iguales, idénticos, de la que no me había percatado.

Estos no se miran, ni se acarician, a veces se deben ver de reojo, con la cabeza ladeada, cada uno en un extremo de la jaula, pero se rehúyen y evitan.

Pienso que eso, nunca debió de haberme pasado contigo.

Llega mi cliente y me saluda cogiéndome del brazo, emprendemos el camino y vuelvo a girar un momento la cabeza.

Enigmáticamente los loros que se amaban para toda la vida habían desaparecido.

El dependiente de la pajarería mira al vacío desde dentro dela tienda.

Lentamente, como en una vieja película, ha comenzado a nevar.


Luis Roser Rodriguez
  

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